
Una mañana, David se despertó y se dio cuenta que había perdido la ilusión y la magia por la Navidad. Así, de pronto. Analizó y se dió cuenta que unos meses atrás, algunos compañeros de colegio y amigos empezaron a burlarse de la Navidad y soplando a los cuatro vientos, de que no existía ni Papá Noel, ni los Reyes Magos. Al principio, no les creía, pero poco a poco, empezó a analizar y estar atento a cualquier movimiento en casa para descubrir si realmente eso era cierto, de que no existían. Empezó a pensar en un plan y de pronto tenía una idea.
Se dijo con entusiasmo:
– Voy a escribir una carta a Papá Noel y depende si se cumple le escribiré a los Reyes Magos. Voy a escribir un deseo y no se lo voy a contar a nadie y si llegando el día, recibo ese regalo, entonces volveré a creer en la Navidad y en toda su magia.
Empezó a escribir su carta a Papá Noel y eligió 3 regalos. El primero era un viaje a Portaventura, siempre fue su sueño poder ir a Portaventura, pero nunca se lo habían concedido, por mucho que se lo pidiera a sus padres. El segundo regalo era poder tener un hermano, que era también improbable ya que sus padres habían decidido no tener más hijos y se lo explicaron muchísimas veces y el tercer regalo era irse de vacaciones a Londres. Todos sus amigos ya habían estado en Londres y no paraban de contarle lo bonito que era, pero sus padres le decían que cuando sea más mayor irían. Pero nunca llegaba ese día. Sabía que los tres regalos eran demasiado costosos y demasiado imposibles y pensó que si se cumplían, no habría duda, debería existir Papá Noel y los Reyes Magos.
Adornó con mucho amor la carta y la llevó al buzón como cada año lo hacía, pero esta vez sin comunicarle absolutamente a nadie sus deseos. Sus padres y familiares no paraban de preguntarle cual serían sus deseos, pero David solo le contestaba que este año no tenía ningún deseo y que realmente no quería ningún regalo y que tampoco quería celebrar la Navidad.
Faltaba tan solo 1 semana para nochebuena y David se negaba en decorar la casa, ni siquiera quería montar el árbol de Navidad, ni tampoco quería preparar un vaso de agua con galletas. Así que su familia decidió respetar su decisión con la esperanza de que en noche buena como muy tarde pudieran montar el árbol de Navidad en familia siguiendo la tradición de cada año.
Su familia ya estaba muy preocupada ya que David no cambiaba de opinión, cuando el día de antes de noche buena, llegó una carta a casa desde Laponia dirigido a sus padres y haciendo mención de que no se podía decir absolutamente nada a David. Las instrucciones eran muy claras, hacer las maletas y coger el coche rumbo a Salou para dirigirse a un hotel dentro de Portaventura con todos los gastos pagados de tres días. Los padres de David se extrañaron muchísimo ya que ellos no habían organizado nada y pensaron que podría ser una broma o quizás algún regalo de algún familiar. Empezaron a llamar a sus familiares y a sus mejores amigos, pero nadie les había hecho tal regalo tan costoso. Al ver a su hijo tan desanimado, decidieron ir a la aventura y en caso de que fuera una broma, ya se las apañarían y pagarían la estancia. La única condición que puso en la carta de Laponia, era que no podía enterarse David absolutamente de nada hasta llegar al destino.
Dicho y hecho. Prepararon el coche con maletas, mantas y comida y le dijeron a David que iban a ir de paseo en coche y como era ya tarde, tendría que dormirse en el coche y que ya le despertarían cuando llegasen. Así fue, tal cual, enseguida se durmió después de una larga noche de camino llegaron a Portaventura y despertaron a David, cuando abrió los ojos y vió la atracción más majestuosa de Ferrariland, no podía salir de su asombro. No podía cerrar la boca. No le salían ni las palabra. Era increíble, tenía que estar soñando. Era ya la mañana de Nochebuena y ya se había cumplido su primer deseo. Pasaron un día inolvidable lleno de ilusión, aventura y diversión. Cuando llegó la noche y la hora de cenar les estaba esperando el ayudante de Papá Noel en el restaurante. Se acercó a David y le preguntó si le estaba gustando su regalo y que todavía tenía sorpresas para él. La cara angelical de David y la felicidad que sentía, no le dejaron salir de su asombro. ¿Qué sabía el ayudante de Papá Noel? Le entregó a David una carta personalizada y le dijo que después de la cena la abriera. Terminaron una cena inolvidable llena de magia y su padres le dieron una cajita de regalo y David la abrió con mucha ilusión, dentro había una carta con una imagen blanco y negro de un bebé. Les dijeron que iba a tener un hermano. Se cumplió su segundo deseo. Después abrió el sobre que le entregó el ayudante de Papá Noel y en ella había un tique de avión y hotel con el itinerario de un viaje de una semana a Londres. No se lo podía creer. ¿Cómo era posible que los tres deseos que eran tan imposible que se pudieran cumplir y sin saberlo sus padres, se hiciera realidad? No podía ser. Sus padres estaban muy contentos de ver tan feliz a David. Ellos no habían organizado nada ni pagaron nada, no tenían ni idea de los deseo de su hijo, ni siquiera tenían el dinero suficiente para esos regalos tan sumamente caros.
David ya no tenía dudas, volvió a creer en la magia de la Navidad, se sintió tan inmensamente feliz y agradecido que decidió que no le pediría absolutamente nada a los Reyes Magos ya que se sentía tan dichoso y afortunado que tan solo le escribió a los Reyes Magos, diciéndoles que no deseaba ningún regalo para Reyes, ya que había recibido unos regalos tan inmensamente increíbles que prefería que otros niños que no tenían tanta suerte como él, se le cumplieran sus deseos a cambio de los suyos.
David y su familia pasaron las mejores Navidades de sus vidas, unidos y felices que siempre lo recordarían. Nunca contó esta historia a sus amigos y cuando ellos empezaron como cada año a decir que no existían los personajes magos, David solo sonreía y decía:
– Si vosotros supierais, si vosotros creyerais en la magia de la Navidad, quizás a algunos de vosotros se os cumpliría algún que otro deseo cuando menos os lo esperéis. Pero para eso, debéis creer en la magia de la Navidad.
-David E.
